

Todo el mundo sabe (y además, se repite hasta la saciedad...) que agosto es el mes de las fiestas por excelencia, así que decidimos aprovechar esta circunstancia y acercarnos a cuantas fiestas pudiéramos.
Sábado 13. Batalla naval: media hora de fuegos artificiales (muy bonitos, pero muy ruidosos) desde nuestra ventana. No teníamos la mejor perspectiva porque nos pilla un poco de lado, pero a pesar de eso, los disfrutamos. Eso sí, los pekes estuvieron todo el tiempo tapándose los oídos.
Jueves 18 y viernes 19. Mi niña y yo (a los chicos no les entusiasma el tema) asistimos al festival folclórico que se celebra en los jardines de Méndez Núñez. Nos gusta mucho el baile del grupo de Togo, y nos sorprenden las reacciones de algunas personas que demuestran su ignorancia con estruendosas risas y comentarios fuera de tono respecto a las danzas que ejecutan los bailarines y bailarinas sobre el escenario. ¡Cuánto nos queda por aprender!.
Sábado 20. Fiesta del berberecho en Baldaio. A mi niña (que, como diría mi padre, come como un pajarito) le encantan, así que con esa excusa nos acercamos hasta allí y disfrutamos (a pesar del sofocante calor) de la sesión vermú amenizada por la orquesta "Verano azul". Después nos fuimos a Caión (qué bonito es!) a tomar algo. A la vuelta, asistimos a la actuación de un grupo de danza de Colombia en la escalinata de la Domus.
Miércoles 24. Por la tarde, fiesta infantil en el campo de la leña (o plaza de España, como prefiráis): hinchables, teatro (con buena intención pero pocas tablas) y fiesta de la espuma. ¡Disfrutaron de lo lindo!
Y entre medias, feria del libro antiguo y de ocasión (siempre acabo comprando algo, pero me encanta), cine (por fin pude ir sola y redescubrir lo maravilloso que es estar en una sala sin ruidos de palomitas, refrescos, chuches... eso sí, a una impresentable le sonó el móvil y no se le ocurrió mejor solución que contestar y ponerse de charleta, y es que la mala educación no tiene edad), playa, piscina, paseos...
Y es que la cuestión es disfrutar, no?