
En el suplemento nº 684 de
Mujer hoy se publica un artículo sobre las dificultades que encontramos las familias españolas a la hora de conciliar familia, trabajo y vida personal. En él aparecen testimonios de varias mujeres que cuentan su experiencia a la hora de atender a sus hijos e hijas sin desatender sus obligaciones laborales ni olvidarse de sus propias necesidades, y hablan de la
fórmula que utilizaron: abuela y abuelo, cuidadora contratada, flexibilización de jornada y trabajo desde casa.
De su lectura se desprende que la situación ha cambiado poco en los últimos años, a pesar de la existencia de leyes que favorecen la conciliación, y que si bien han supuesto un avance y una mejora, están aún muy lejos de lograr su verdadero objetivo.
Yo soy madre de familia numerosa, y me puedo considerar una privilegiada en este aspecto, ya que cuando tuve a mis hijos y a mi hija trabajaba en una administración pública, por lo que no tuve ninguna dificultad a la hora de ejercer mis derechos: disfruté del permiso de maternidad, del de lactancia, pude acudir a las consultas del pediatra sin problema, tenía derecho a días por asuntos propios que podía usar según necesitara, disfruté de los días a los que tenía derecho por hospitalización de uno de mis hijos... pero como ya dije, soy una privilegiada, y soy consciente de que si trabajara en el sector privado me habría resultado todo más complicado.
Además, cuento con la inestimable ayuda de mi madre y mi padre, con los que puedo contar siempre que los necesito (gracias!), pero a los que no quiero sobrecargar, ya que creo que cumplieron con creces su trabajo criándonos a mi hermano, a mi hermana y a mi. Y los nietos y las nietas son para disfrutar!
Tenemos a Noruega en el punto de mira, es nuestro modelo a seguir, pero aún nos queda mucho camino por andar y mucho trabajo por hacer: hay que sensibilizar a la sociedad en su conjunto, al ámbito educativo, al tejido empresarial
(racionalización de horarios) y a las mujeres y a los hombres (porque la conciliación también les concierne a ellos); es necesario erradicar definitivamente la idea de que contratar a una mujer perjudica a las empresas; hay que concienciar sobre la importancia y las ventajas de la conciliación... en definitiva, hay que lograr que todos y todas nos impliquemos en la consecución de la mejor calidad de vida para nosotras, nosotros y nuestros hijos e hijas, porque disfrutar de ellos y ellas es un derecho y una obligación, no un privilegio.
Hay que ir paso a paso, sin prisa pero sin pausa, para que las generaciones futuras vean en este tema algo del pasado.