Después de casi 11 años trabajando en el ámbito de los servicios sociales, hace tres meses tomé una decisión, que muchas y muchos consideraron muy arriesgada, y acepté un contrato para una sustitución de 1 mes en un centro integrado de formación profesional.
Las 24 horas que tuve para meditar la decisión fueron de nervios y angustia, preguntando a todo el mundo y escuchando opiniones diversas que iban desde el apoyo total a las que consideraban que era una locura dejar un trabajo más o menos estable. Pero tomé la decisión, y me salió bien: la suerte me acompañó y en estos momentos ocupo una interinidad en un centro educativo público donde me encargo de formar a futuras/os profesionales del ámbito de los servicios socioculturales y a la comunidad, así que, de alguna forma, sigo vinculada a mi anterior profesión.
El cambio ha sido total, no sólo en el aspecto profesional, sino también en el personal, ya que he cambiado comer con "taper" en la oficina por comer en mi casa con mi familia.
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