Preferiría no escribir sobre cosas tristes en el blog, pero me lo pide el cuerpo...
Hoy se ha muerto uno de mis primos favoritos después de luchar durante 18 meses contra un cáncer que, según sus médicos, acabaría con él en menos de 6 meses. Desde el diagnóstico se mostró animado (era una de sus principales virtudes) y dispuesto a plantarle cara a la misma enfermedad que hace 15 años acabó con la vida de uno de sus hermanos. Pero no pudo ser: mantuvo la esperanza hasta el final y nunca se rindió, pero su cuerpo dijo basta el mismo día que mi padre, que siente un especial cariño por él, cumple 77 años. Ángel era un buen tipo: divertido, amable, buena gente... pasó con nosotros muchas temporadas cuando éramos pequeños porque su familia vive en Madrid y a él le gustaba más estar en Coruña (de hecho, para mi hermana es casi como un hermano mayor). Este verano vino a vernos (estoy segura de que vino a despedirse) y tuve la sensación de que el tiempo y la distancia no habían cambiado los sentimientos que nos unieron hace tantos años. Hoy es un día triste. Y como me dijo mi hijo mayor al verme llorar: mamá, lo siento mucho, pero como dicen en las películas, hay que seguir adelante. Ángel, te echaremos de menos.
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