Siempre me ha gustado el espectáculo del mar embravecido y la lluvia golpeando los cristales, y mi casa es un lugar privilegiado para disfrutar de los temporales que de vez en cuando azotan nuestra costa.
Hasta hace poco (junio, para ser exacta) cada vez que se anunciaba un temporal me ponía a temblar, ya que las ventanas que tenía estaban en muy mal estado y, además de dejar entrar aire por todos lados (imaginaos como era, que las cortinas se movían incluso con las persianas cerradas totalmente), filtraban agua por algunas zonas, con lo que la inquietud que eso suponía no me permitía disfrutar de la imagen del mar.
Pero ahora todo eso ha cambiado gracias a que la dueña de la casa (soy de esas personas que creen en los beneficios del alquiler) decidió cambiar las ventas y sustituir las viejas de aluminio por unas estupendas de pvc y doble cristal.
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