Hoy, 17 de octubre, se conmemora el Día internacional para la erradicación de la pobreza, declarado en el año 1993 por la Asamblea general de Naciones unidas con el propósito de promover mayor conciencia sobre las necesidades para erradicar la pobreza y la indigencia en todos los países, en particular en los países en desarrollo, necesidad que se ha convertido en una de las prioridades del desarrollo.
En septiembre de 2000, un importante número de jefes de estado y gobierno participaron en la sede de naciones unidas en la Cumbre del milenio, con el objetivo fundamental de alcanzar acuerdos y adquirir compromisos encaminados a reducir a la mitad los índices de pobreza en el año 2015.
A estas alturas, los objetivos del milenio sólo figuran en los papeles, y no sólo estamos muy lejos de reducir los índices de pobreza a la mitad en los países en desarrollo, sino que están aumentando alarmantemente en los países desarrollados.
La crisis alimentaria y humanitaria de los países del cuerno de África convive con el impensable (por enorme) número de personas desempleadas en los llamados países desarrollados, aumenta el número de personas sin hogar por culpa de los desahucios (malditas hipotecas!), se recorta el gasto/inversión en sectores básicos como la sanidad y la educación, hay quien habla del fin del estado de bienestar tal y como lo conocemos (con lo que ha costado!!!)...: la desesperanza quiere formar parte de nuestra vida.
Y los países y las personas seguimos mirándonos el ombligo, y quienes gobiernan y/o aspiran a gobernar centran su discurso en desprestigiar al contrario, y nos indignan las indemnizaciones millonarias que cobran directivos negligentes que llevaron a la ruina cajas y bancos (NCG, CAM...), y echamos la culpa de todos nuestros males a los demás, y nos hablan de la cooperación y la colaboración como estrategias de futuro y desarrollo cuando la realidad nos muestra competitividad, individualismo, revanchismo, insolidaridad....
Las ONG's no dan a basto con la demanda, las cocinas económicas de todas las ciudades están desbordadas, el perfil (nunca me ha gustado este término) de pobres ha cambiado, el futuro de niños y niñas es incierto...
Y el árbol sigue impidiéndonos ver el bosque.
Las ONG's no dan a basto con la demanda, las cocinas económicas de todas las ciudades están desbordadas, el perfil (nunca me ha gustado este término) de pobres ha cambiado, el futuro de niños y niñas es incierto...
Y el árbol sigue impidiéndonos ver el bosque.

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