
Ayer conocí, leyendo un artículo en 20minutos, a Newt Gingrich, que resulta ser el candidato republicano mejor posicionado para disputarle a Obama la presidencia de Estados Unidos en las próximas elecciones. El hecho no tendría mayor importancia si no fuera por las declaraciones que realizó y que le colocaron en primera línea en varios medios de comunicación, y es que este individuo afirma, sin vergüenza alguna, que las escuelas deberían deshacerse de empleados de mantenimiento y sustituirlos por estudiantes de 9 años en adelante que pertenezcan a una clase desfavorecida...
Si este argumento resulta ya de por sí repugnante, lo remata diciendo que las leyes laborales infantiles son estúpidas, y que mucha gente con éxito comenzó sus primeros trabajos entre los 9 y los 14 años (os recuerdo que su tesis afectaría sólo a niños y niñas de familias desfavorecidas...).
Podéis imaginar mi sorpresa e indignación. Me resulta increíble que alguien con sentido común pueda tener semejante opinión (y creo que soy una persona respetuosa con quienes no piensan como yo), y pretenda echar por tierra el trabajo de muchas instituciones y entidades sin ánimo de lucro (UNICEF; Save de children, Ayuda en acción, intermón, Cruz Roja, etc, etc, etc.), y de las personas que las integran, que han dedicado años y esfuerzos a erradicar el trabajo infantil y a promover la escolarización universal hasta los 16 años como forma de favorecer el desarrollo de las sociedades y el avance de los países.
No puedo imaginar lo que un gobernante como él supondría para las políticas sociales y educativas estadounidenses ni para los organismos internacionales que dependen, en gran medida, de sus aportaciones económicas. Confiemos en la inteligencia de los y las electores y en que su carrera hacia la presidencia no pase de la casilla de salida.
Y desde aquí, mi apoyo y solidaridad a las entidades volcadas en la defensa de los derechos humanos, en especial de los niños y las niñas, que representan el futuro y la esperanza de una sociedad igualitaria.
Si este argumento resulta ya de por sí repugnante, lo remata diciendo que las leyes laborales infantiles son estúpidas, y que mucha gente con éxito comenzó sus primeros trabajos entre los 9 y los 14 años (os recuerdo que su tesis afectaría sólo a niños y niñas de familias desfavorecidas...).
Podéis imaginar mi sorpresa e indignación. Me resulta increíble que alguien con sentido común pueda tener semejante opinión (y creo que soy una persona respetuosa con quienes no piensan como yo), y pretenda echar por tierra el trabajo de muchas instituciones y entidades sin ánimo de lucro (UNICEF; Save de children, Ayuda en acción, intermón, Cruz Roja, etc, etc, etc.), y de las personas que las integran, que han dedicado años y esfuerzos a erradicar el trabajo infantil y a promover la escolarización universal hasta los 16 años como forma de favorecer el desarrollo de las sociedades y el avance de los países.
No puedo imaginar lo que un gobernante como él supondría para las políticas sociales y educativas estadounidenses ni para los organismos internacionales que dependen, en gran medida, de sus aportaciones económicas. Confiemos en la inteligencia de los y las electores y en que su carrera hacia la presidencia no pase de la casilla de salida.
Y desde aquí, mi apoyo y solidaridad a las entidades volcadas en la defensa de los derechos humanos, en especial de los niños y las niñas, que representan el futuro y la esperanza de una sociedad igualitaria.
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