domingo, 6 de noviembre de 2011

Nos prometen la felicidad...


que es lo mismo que hacer una promesa en abstracto, lo que compromete a casi nada.

La felicidad tiene tantos significados como personas, porque lo que a mí me hace feliz a otra puede parecerle una solemne tontería, así que me gustaría saber qué indicadores va a utilizar el más que probable (sniff, snifff) futuro gobierno del PP para medir el grado de consecución de uno de los objetivos estrella de su programa electoral. Se me ocurre que se puede copiar al reino de Bután e incluir el índice de Felicidad Nacional Bruta en las estadísticas estatales...

Estamos otra vez en campaña electoral oficial, aunque hace mucho tiempo que vivimos en una permanente campaña, y los diferentes partidos políticos muestran más de los mismo: que yo soy mejor que tú, que en tu partido hay más corruptos/as, que lo voy a hacer mucho mejor, que no tienes ni idea, que nos estás llevando a la ruina y yo os voy a salvar... Muchas promesas y contrapromesas utilizando como excusa el bienestar social, aunque la realidad es que unos y otros toman a la ciudadanía como rehenes de sus tejemanejes; que entre los que no quieren dejar el poder y los que quieren alcanzarlo a toda costa, olvidan que están ahí gracias al voto de quienes aún confiamos en la democracia.

Yo voy a votar, como siempre, porque me parece un ejercicio de responsabilidad cívica y civil, pero será la primera vez que lo haga con desgana y desinterés, no tanto con respecto al resultado (que me preocupa enormemente), como por la sensación de que la política en España hace tiempo que dejó de lado a las personas.

Mientras, yo seguiré haciendo lo que crea conveniente para mantener (e incrementar) mi felicidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario