La educación pública está de moda. Los recortes en la contratación de personal, la distribución irracional de muchas de las llamadas materias afines (profes de educación física de primaria que imparten también sociales y matemáticas, profes de lingua e literatura galegas de secundaria que imparten ética y sociales, profes de inglés de primaria que también dan música...), el incremento en las aportación de dinero público a centros concertados (incluidos los que segregan al alumnado por sexo), el estado lamentable en el que se encuentran muchos centros públicos (goteras, aseos sin papel higiénico, calefacciones apagadas para ahorrar...) y un largo etcétera, han puesto el debate sobre el futuro de la educación en nuestro país en la primera plana de muchos medios de comunicación.
En Galicia sufrimos el primer recorte con la llegada del PP al Gobierno de la Xunta, una de cuyas primeras "medidas estrella" fue sustituir el sistema de préstamo de libros (que funcionaba bien y garantizaba la igualdad en el acceso a los recursos) por otro al que llamaron, en un alarde de imaginación, "gratuidad solidaria" con la excusa/argumento del ahorro. A estas alturas, yo sigo sin entender dónde está la gratuidad y con quién es solidaria. En relación a este tema, os recomiendo leer el artículo publicado hoy en la edición gallega de "El País" que refleja que el argumento del ahorro no sirve para justificar la eliminación de un programa cuyos beneficios sociales eran patentes.
Lo lamentable de esta situación, es que en vez de aprovechar para buscar soluciones, los distintos gobiernos se dedican a echarse la culpa unos a otros en un intento de desviar la atención sobre lo que verdaderamente importa, que no es ni más ni menos que la consecución de una educación pública de calidad.
La crisis ha puesto en bandeja una excusa para los recortes, la búsqueda de la eficacia y la eficiencia en la gestión de los recursos educativos ha quedado relegada a un segundo o tercer lugar y mientras tanto, los alumnos y alumnas de las distintas comunidades asisten impotentes a una situación que va a determinar su futuro.
Y los padres y madres poco podemos hacer: nos queda el derecho al pataleo, la presentación de quejas, la realización de movilizaciones y la esperanza de que los políticos y políticas de turno se paren a pensar y vean la educación como una de las soluciones para asegurarnos el futuro y no como un laboratorio donde ensayar distintas fórmulas.
Pero mucho me tema que nuestras esperanzas no se van a hacer realidad...
En Galicia sufrimos el primer recorte con la llegada del PP al Gobierno de la Xunta, una de cuyas primeras "medidas estrella" fue sustituir el sistema de préstamo de libros (que funcionaba bien y garantizaba la igualdad en el acceso a los recursos) por otro al que llamaron, en un alarde de imaginación, "gratuidad solidaria" con la excusa/argumento del ahorro. A estas alturas, yo sigo sin entender dónde está la gratuidad y con quién es solidaria. En relación a este tema, os recomiendo leer el artículo publicado hoy en la edición gallega de "El País" que refleja que el argumento del ahorro no sirve para justificar la eliminación de un programa cuyos beneficios sociales eran patentes.
Lo lamentable de esta situación, es que en vez de aprovechar para buscar soluciones, los distintos gobiernos se dedican a echarse la culpa unos a otros en un intento de desviar la atención sobre lo que verdaderamente importa, que no es ni más ni menos que la consecución de una educación pública de calidad.
La crisis ha puesto en bandeja una excusa para los recortes, la búsqueda de la eficacia y la eficiencia en la gestión de los recursos educativos ha quedado relegada a un segundo o tercer lugar y mientras tanto, los alumnos y alumnas de las distintas comunidades asisten impotentes a una situación que va a determinar su futuro.
Y los padres y madres poco podemos hacer: nos queda el derecho al pataleo, la presentación de quejas, la realización de movilizaciones y la esperanza de que los políticos y políticas de turno se paren a pensar y vean la educación como una de las soluciones para asegurarnos el futuro y no como un laboratorio donde ensayar distintas fórmulas.
Pero mucho me tema que nuestras esperanzas no se van a hacer realidad...
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