
Violencia de género. La flamante nueva ministra de igualdad (entre otras cosas, que los ministerios ahora valen tanto para un roto como para un descosido), se refiere a los asesinatos machistas como violencia en el entorno familiar, obviando un concepto aceptado, usado y reconocido legalmente por distintos países y organismos internacionales para designar la violencia ejercida contra las mujeres, y reduciendo el problema al lugar donde se produce en vez de aludir a sus causas. La polémica no tardó en aparecer, y las asociaciones y colectivos que trabajan por lo derechos de las mujeres mostraron su preocupación por un asunto que puede suponer una vuelta atrás en los avances logrados después de muchos esfuerzos (y muchas muertes).
El, en ese momento aún, delegado del gobierno para la violencia de género, Miguel Lorente, considera un error las declaraciones de la ministra y advierte de que para concienciar a la sociedad sobre esta lacra, "hay que llamar a las cosas por su nombre". La ministra no tuvo más remedio que rectificar y en la comparecencia para condenar el segundo asesinato machista en dos días aludió, esta vez sí, a violencia de género. Pero la rectificación no fue completa, porque volvió a hacer uso de violencia en el entorno familiar alegando que "lo importante no es el término" (¿por qué entonces dan tanto la lata con la ley de matrimonio homosexual?si es sólo cuestión de un término, y esto no es importante...). Veremos qué nos depara el futuro, aunque por ahora las perspectivas no son muy halagüeñas.
Laureano Oubiña. Uno de los mayores narcotraficantes de nuestro país y responsable de la ruina, personal y social, de muchas personas, sale de la cárcel después de haber cumplido gran parte de su condena. El juez le concede la libertad condicional en base a su arrepentimiento (pidió perdón a sus víctimas) y a su comportamiento en prisión. Hasta aquí, todo normal. Lo que hace este caso especial es que el mismo juez condiciona la concesión del tercer grado a que el susodicho narco realice labores sociales en centros de tratamiento y reinserción de drogodependientes. Como es lógico, la reacción de las asociaciones que luchan contra la droga en Galicia no se ha hecho esperar y han declarado que no están dispuestas a ofrecerle un puesto en sus organizaciones para que desarrolle la tarea impuesta por el juez. Carmen Avendaño, fundadora de la Fundación Érguete y víctima de los negocios de este individuo, duda del arrepentimiento de Oubiña (parece ser que desde la cárcel siguió lanzando improperios contra las asociaciones gallegas de lucha contra la drogadicción) y considera que dejarle colaborar con ellas sería como "meter un lobo en un corral".
¿Por qué siempre que se habla de trabajo social o en beneficio de la comunidad se piensa sólo en servicios sociales? ¿no se puede hacer la misma labor social colaborando en la construcción/mantenimiento de infraestructuras o limpiando montes, por poner un ejemplo? Seguro que hay un montón de sitios donde poder meter a semejante elemento. Veremos en qué queda la cosa.
El, en ese momento aún, delegado del gobierno para la violencia de género, Miguel Lorente, considera un error las declaraciones de la ministra y advierte de que para concienciar a la sociedad sobre esta lacra, "hay que llamar a las cosas por su nombre". La ministra no tuvo más remedio que rectificar y en la comparecencia para condenar el segundo asesinato machista en dos días aludió, esta vez sí, a violencia de género. Pero la rectificación no fue completa, porque volvió a hacer uso de violencia en el entorno familiar alegando que "lo importante no es el término" (¿por qué entonces dan tanto la lata con la ley de matrimonio homosexual?si es sólo cuestión de un término, y esto no es importante...). Veremos qué nos depara el futuro, aunque por ahora las perspectivas no son muy halagüeñas.
Laureano Oubiña. Uno de los mayores narcotraficantes de nuestro país y responsable de la ruina, personal y social, de muchas personas, sale de la cárcel después de haber cumplido gran parte de su condena. El juez le concede la libertad condicional en base a su arrepentimiento (pidió perdón a sus víctimas) y a su comportamiento en prisión. Hasta aquí, todo normal. Lo que hace este caso especial es que el mismo juez condiciona la concesión del tercer grado a que el susodicho narco realice labores sociales en centros de tratamiento y reinserción de drogodependientes. Como es lógico, la reacción de las asociaciones que luchan contra la droga en Galicia no se ha hecho esperar y han declarado que no están dispuestas a ofrecerle un puesto en sus organizaciones para que desarrolle la tarea impuesta por el juez. Carmen Avendaño, fundadora de la Fundación Érguete y víctima de los negocios de este individuo, duda del arrepentimiento de Oubiña (parece ser que desde la cárcel siguió lanzando improperios contra las asociaciones gallegas de lucha contra la drogadicción) y considera que dejarle colaborar con ellas sería como "meter un lobo en un corral".
¿Por qué siempre que se habla de trabajo social o en beneficio de la comunidad se piensa sólo en servicios sociales? ¿no se puede hacer la misma labor social colaborando en la construcción/mantenimiento de infraestructuras o limpiando montes, por poner un ejemplo? Seguro que hay un montón de sitios donde poder meter a semejante elemento. Veremos en qué queda la cosa.
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