En esta época de consumismo compulsivo donde la mayoría de los niños y las niñas crecen pensando que lo importante es acumular cosas y que las cosas viejas ya no sirven (para molar hay que estar a la última), mis pekes se aferran a objetos (casi siempre juguetes) que tienen desde hace tiempo y que, aunque ya no usan, son queridos. Visto así, esto no tendría que suponer un problema, más bien todo lo contrario, pero la realidad es que con cada objeto nuevo que entra en casa se hace evidente la falta de espacio y la necesidad de reorganizarlo.
No tenemos trastero, así que la única solución es deshacernos de algunas cosas, donándolas si están en buen estado y son aprovechables, o tirándolas a la basura si ya no sirven. Para decidir qué se elimina tenemos algunos criterios: más viejo, en peor estado, ya no gusta (o nunca gustó...), se usa poco, le faltan piezas... pero aún así, no consigo evitar que cada criba se convierta en una pequeña tragedia.
Tengo que reconocer que algunas cosas desaparecen aprovechando la ausencia de su dueño/a, pero cuando el objeto en cuestión es más visible la tarea se vuelve más complicada, porque tengo que poner en marcha toda mi capacidad de negociación y convicción para que mis pekes sean capaces de ver lo positivo de esa acción. Algunas veces lo consigo, pero otras derivan en una dura lucha donde los llantos y las quejas se hacen patentes durante mucho tiempo y donde mis pekes usan todas sus armas para intentar convencerme del error que voy a cometer: que si lo tengo desde pequeño/a (se deben ver mayorcísimos!) , que me lo regaló la abuela, que aunque no lo use me gusta mucho y lo quiero conservar, que si no entiendo cómo se sienten, que lo van a echar mucho de menos...
A veces me siento una madrastrona, pero cuando no hay más remedio he de tomar la decisión, así que tengo que estar dispuesta a escuchar sus legítimos reproches durante un tiempo y a asumir que la tolerancia a la frustración forma parte del proceso de aprendizaje y que es posible que nunca se llegue a superar (cuántas personas consideradas adultas se comportan como pekes cuando no obtienen lo que quieren?... estoy convencida que todas y todos conocemos a más de una).
Ahora estoy metida en la lucha para deshacernos de un pequeño banco de herramientas que lleva en casa casi seis años y que además de estar un poco deteriorado y tener poco uso (juegan con las herramientas, pero el banco en cuestión les resulta poco divertido), acumula mucho polvo. Por ahora voy perdiendo, pero espero poder ganar la partida (voy poco a poco, porque he comprobado que con determinados objetos es mejor tener mano izquierda y no actuar de forma drástica).
No tenemos trastero, así que la única solución es deshacernos de algunas cosas, donándolas si están en buen estado y son aprovechables, o tirándolas a la basura si ya no sirven. Para decidir qué se elimina tenemos algunos criterios: más viejo, en peor estado, ya no gusta (o nunca gustó...), se usa poco, le faltan piezas... pero aún así, no consigo evitar que cada criba se convierta en una pequeña tragedia.
Tengo que reconocer que algunas cosas desaparecen aprovechando la ausencia de su dueño/a, pero cuando el objeto en cuestión es más visible la tarea se vuelve más complicada, porque tengo que poner en marcha toda mi capacidad de negociación y convicción para que mis pekes sean capaces de ver lo positivo de esa acción. Algunas veces lo consigo, pero otras derivan en una dura lucha donde los llantos y las quejas se hacen patentes durante mucho tiempo y donde mis pekes usan todas sus armas para intentar convencerme del error que voy a cometer: que si lo tengo desde pequeño/a (se deben ver mayorcísimos!) , que me lo regaló la abuela, que aunque no lo use me gusta mucho y lo quiero conservar, que si no entiendo cómo se sienten, que lo van a echar mucho de menos...
A veces me siento una madrastrona, pero cuando no hay más remedio he de tomar la decisión, así que tengo que estar dispuesta a escuchar sus legítimos reproches durante un tiempo y a asumir que la tolerancia a la frustración forma parte del proceso de aprendizaje y que es posible que nunca se llegue a superar (cuántas personas consideradas adultas se comportan como pekes cuando no obtienen lo que quieren?... estoy convencida que todas y todos conocemos a más de una).
Ahora estoy metida en la lucha para deshacernos de un pequeño banco de herramientas que lleva en casa casi seis años y que además de estar un poco deteriorado y tener poco uso (juegan con las herramientas, pero el banco en cuestión les resulta poco divertido), acumula mucho polvo. Por ahora voy perdiendo, pero espero poder ganar la partida (voy poco a poco, porque he comprobado que con determinados objetos es mejor tener mano izquierda y no actuar de forma drástica).
No hay comentarios:
Publicar un comentario