En el día en que en España se conmemora el 35 aniversario de nuestra Constitución, el mundo llora la muerte de un luchador por la libertad, la igualdad y los derechos humanos. Nelson Mandela fue un hombre hecho a sí mismo que se convirtió en un ejemplo a seguir cuando consiguió llevar la democracia a su país, Sudáfrica, recurriendo al perdón y a la reconciliación.
En una época convulsa en la que los recortes y la crisis están acabando con muchas de las conquistas sociales que tardamos años en conseguir, una época en la que florecen por toda Europa partidos políticos que buscan la confrontación y promueven el odio, una época en la que vemos pisoteados algunos de nuestros derechos, una época en la que nuestros niños y niñas miran a su alrededor sin entender muy bien qué está pasando... en esta época es quizás más importante que nunca recordar a gente como Mandela y difundir su mensaje; porque su lucha sigue y seguirá mientras exista gente que no pueda ejercer su libertad por carecer de medios económicos, por ser de otros país, o por pensar de forma diferente.
Cuando mi hijo mayor me preguntó quién era ese Nelson Mandela del que hablan en la radio, solo se me ocurrió decirle que fue un africano capaz de convertir a sus enemigos en cómplices de un proceso para devolver la paz y la libertad a su país.
En España no nos vendría nada mal reflexionar sobre su mensaje... y hasta es posible que a quienes nos gobiernan se les pegue algo!
Como homenaje, reproduzco el poema que inspiró al líder durante sus largos años de cautiverio:
INVICTUS (Ernest Henley, 1875)
Desde la noche que sobre mí se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vió llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vió llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma


















