Este fin de semana se celebró, en las instalaciones deportivas de La Torre, un torneo de fútbol 7 en el que participaron todos (o casi todos) los clubes de Coruña y comarca con equipos en las categorías benjamín y alevín. Ya comenté en este mismo espacio cómo es el ambiente que se respira en este tipo de encuentros y lo lamentable que resulta la actitud de algunos entrenadores y familiares, que desvirtúan lo que sólo debe ser un acto lúdico-deportivo para disfrute de quienes lo practican.
Pero hoy no quiero volver sobre eso; hoy quiero hacer una mención a los niños (juegan algunas niñas, pero creo que ninguna ejerce de portera) que con una edad comprendida entre 7-11 años tienen que asumir la defensa de una portería que les queda enorme y cargar con la responsabilidad de los goles encajados como si el resto del equipo no tuviera nada que ver. Los entendidos en fútbol dicen que los porteros están hechos de otra pasta y hay psicólogos que afirman que esta posición requiere personas con alta tolerancia a la frustración y capacidad para reaccionar a la adversidad (Roffé), cualidades/habilidades difíciles de alcanzar con esa edad.
Mi hijo mayor es el portero de su equipo, y tras cada derrota nos plantea la posibilidad de dejar la portería para ser jugador de campo, que aunque no sea capaz de hacer goles ni parar a los delanteros del equipo contrario, no vive cada gol encajado con la misma responsabilidad, culpabilidad y decepción que el cancerbero. Pero ahí sigue, y cada vez lo hace mejor y asume con más entereza los goles, aunque le siguen doliendo... y tiene suerte de que sus entrenadores le apoyan y animan (os puedo asegurar que he visto entrenadores de otros equipos abroncar de forma muy brusca a sus porteros por los goles encajados), sabedores de que la responsabilidad de las derrotas es compartida por todos los jugadores. Su equipo perdió por goleada, y aunque estaba triste y manifestaba la impotencia que sintió en algunas jugadas, lo asumió sin mayor problema, como sus compañeros.
¿Por qué comento esto? porque muchos otros equipos perdieron, y algunos por grandes goleadas, y la imagen que más se repetía era la de los porteros siendo consolados por sus familiares (alguno incluso dejó caer unas lagrimillas) mientras el resto de jugadores pasaba página sin mayor problema.
Y como madre de portero (estoy como la madre de las folclóricas....) que lo pasa mal en cada partido, me solidarizo con esos niños que tienen el valor de asumir dentro de sus equipos un puesto que casi nadie quiere pero que es tan importante (o más) que el resto.
Va por ellos!.
Pero hoy no quiero volver sobre eso; hoy quiero hacer una mención a los niños (juegan algunas niñas, pero creo que ninguna ejerce de portera) que con una edad comprendida entre 7-11 años tienen que asumir la defensa de una portería que les queda enorme y cargar con la responsabilidad de los goles encajados como si el resto del equipo no tuviera nada que ver. Los entendidos en fútbol dicen que los porteros están hechos de otra pasta y hay psicólogos que afirman que esta posición requiere personas con alta tolerancia a la frustración y capacidad para reaccionar a la adversidad (Roffé), cualidades/habilidades difíciles de alcanzar con esa edad.
Mi hijo mayor es el portero de su equipo, y tras cada derrota nos plantea la posibilidad de dejar la portería para ser jugador de campo, que aunque no sea capaz de hacer goles ni parar a los delanteros del equipo contrario, no vive cada gol encajado con la misma responsabilidad, culpabilidad y decepción que el cancerbero. Pero ahí sigue, y cada vez lo hace mejor y asume con más entereza los goles, aunque le siguen doliendo... y tiene suerte de que sus entrenadores le apoyan y animan (os puedo asegurar que he visto entrenadores de otros equipos abroncar de forma muy brusca a sus porteros por los goles encajados), sabedores de que la responsabilidad de las derrotas es compartida por todos los jugadores. Su equipo perdió por goleada, y aunque estaba triste y manifestaba la impotencia que sintió en algunas jugadas, lo asumió sin mayor problema, como sus compañeros.
¿Por qué comento esto? porque muchos otros equipos perdieron, y algunos por grandes goleadas, y la imagen que más se repetía era la de los porteros siendo consolados por sus familiares (alguno incluso dejó caer unas lagrimillas) mientras el resto de jugadores pasaba página sin mayor problema.
Y como madre de portero (estoy como la madre de las folclóricas....) que lo pasa mal en cada partido, me solidarizo con esos niños que tienen el valor de asumir dentro de sus equipos un puesto que casi nadie quiere pero que es tan importante (o más) que el resto.
Va por ellos!.





